domingo, 15 de octubre de 2017

Reescritura participativa de la Constitución

Imaginemos que se quisiera reformar la Constitución española de 1978. Su artículo uno reza en la actualidad lo siguiente:
Artículo 1
1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.
Se podría tener este trozo de texto en algún sitio donde las propuestas de nuevas redacciones fueran visibles y donde se diera el debate entre proponentes cara a intentar convencernos de una redacción acordada. Por ejemplo, podría haber gentes con una cierta sensibilidad que propusiera el siguiente cambio:
Artículo 1 (borrador)
1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
2. La soberanía nacional reside en los pueblos de España, de quienes emanan los poderes del Estado.
3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.
Otra gente con otra posible sensibilidad podría plantear este otro cambio:
Artículo 1 (borrador)
1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
3. La forma política del Estado español es la República parlamentaria.
Tres textos están ahora sobre la mesa, y podrían surgir más (una propuesta adicional podría ser la que acumulara ambas modificaciones, por ejemplo).
¿Cómo se suele hacer este tipo de cosas?
Somos 46 millones de personas en España. Si abriéramos el proceso participativo a todas y a todos hay quien piensa que sería un quilombo. Lo que se ha hecho de aquí para atrás es, en vez de discutir todas y todos, delegar en un grupo de "los mejores". Así esta Constitución de 1978 tiene "unos padres", que se curraron el proceso de acordarla, mientras el resto de la población seguíamos a nuestras labores (yo tenía cinco años por aquel entonces). El intento de Constitución Europea hizo algo similar, nombró una Convención y allí sesudas y sesudos pro-hombres y pro-mujeres intentaron cristalizar Europa en un tratado que luego fallaría.

¿Cómo podría esta vez hacerse?
La gente no identificamos como nuestra las cosas en las que no participamos en su elaboración. Sin embargo, si nos juntamos para hacer juntas y juntos una paella, una copla de carnaval, un equipillo de futbol, le adquirimos apego y lo hacemos nuestro. La escritura colectiva de textos es una faceta nueva que ha aportado la reciente innovación tecnológica (máquinas de escribir conectadas entre sí que pueden corregirse sin tener que usar tippex). Es algo nuevo que solo tiene décadas que a tiempo histórico es muy poco. Podemos ahora reunirnos de forma remota con aplicaciones de voz y chat de texto (como Mumble), e ir poniendo en común asuntos y detectando desavenencias. El trabajo agregativo y el compromiso de personas valiosas, va haciendo que las desavenencias se vayan reduciendo y en ocasiones las redacciones convergen a un texto que conjuga las sensibilidades de todas y de todos al menos hasta un punto en el que es asumbible sin que provoque ya más el bloqueo por parte de ninguna de ellas. Entonces decimos que hemos acordado por consenso un texto. Esto se lleva haciendo al menos desde 2011 por parte de colectivos sociales como la Marea Granate.

Si la sociedad civil arrancáramos un proceso esta vez de aflorar desavenencias y de debatirlas, podríamos adelantarnos a la deriva que nos lleva de vuelta a una España tan fea y tan sádica.


Cualquier cosa podríamos acordar, si nos escuchamos...

miércoles, 4 de octubre de 2017

Cataluña, España y el borde del abismo

Abismo. (Fuente: Intagram @victorianader1)
 
(Respondiendo a Victor Pajares en facebook)
La alternativa coherente a lo que llamas "golpe de estado institucional" será (primero pasando por la re-legitimación y re-dignificación de instituciones tan centrales como la del presidente del gobierno) una reforma constitucional que elimine el papel del ejército como garante de la unidad y el término indisolubilidad. Si el estado español es un libre acuerdo renovado, no necesita cerrojo. Además estamos en un proceso regional de integración política. La secesión no es tal si es un divorcio acordado. Checoslovaquia se dividió pacíficamente y lo hizo en un proceso sereno según tengo entendido. Ahora ambos estados están integrados en la Unión Europea y sus fronteras son como las que hay entre municipios, una cuestión meramente administrativa (no hay cierre físico, aduana, barrera).
Rodríguez Zapatero desactivó un reto parecido, el Plan Ibarretxe. Lo hizo serenamente, se invalidaron las decisiones contrarias a derecho y la vida política vasca hizo su evolución (se puede argumentar que hubo injusticia o propasamiento contra Atutxa como después han reconocido tribunales europeos, pero digamos que es -dentro de la escala de lo tremendo de ahora- como algo menor).
El Constitucional se ha mostrado ineficaz en proteger bienes constitucionales como el derecho a la vivienda, ha impedido incluso que Andalucía lo garantice. Su deslegitimación forma parte de nuestra debilidad actual como estado.
La institución policial ha sido también deslegitimada por el Mal Gobierno. Les mandan allí de cualquier manera, sin plan, y con el rechazo expreso del Parlamento.
Solo queda la deslegitimación que se nos viene de una institución tan última como el ejército.
Si queremos ser un proyecto común, hemos de conseguir respetarnos a nosotras y a nosotros mismos. Rajoy ha de dimitir ya. Otra persona ha de convencer a las instituciones (parlamento) de un enfoque legítimo y eficaz para afrontar la situación. No podemos seguir descomponiéndonos mucho más, por mucho que tengas apego a la historia. Sería dejar que siguiera siendo sangrienta.

miércoles, 19 de julio de 2017

El mar y la ciudad



En la mayor ciudad costera andaluza, Málaga, hay un enclave peculiar: Los Baños del Carmen. Algun@s pensamos que en lo que fue un cabo se celebraban cultos fenicios a la diosa Astarté. Para allanar el paso se mordió la montaña y creó un puerto para mandar las enormes piedras que ampliaron el Puerto de Málaga, en tiempos ya modernos. Abandonado el sitio se colmató y convirtió en ciénaga, recuperándose para campo de fútbol del Málaga, para las pistas de tenis más antiguas de la ciudad y para camping después con un arbolado a pié de playa. De sus dos playas (Levante y Poniente) la de Levante está en cuestión. La acción pública anda desde hace décadas queriendo "alicatarla". Plantea echar cientos de miles de toneladas de materiales de fuera sepultando la vida y la memoria del lugar. Para ello quieren mover la línea de la ribera del mar de donde se situó en el deslinde de 1920. En aquél momento se consideró que el mar afectaba hasta donde está el muro trasero que separa el recinto de la calle, el mar de la ciudad. Ahora quieren crecer la ciudad aplastando al mar. Una lengua de pavimento que iguale el acerado que hay a ambos lados del sitio, que cierre el cerco. La homogeneización como método (caro). El mar contrarrestará lanzando su empuje en forma de temporales. Los expertos contratados por el Gobierno Central nos dan la razón en que el mar inundará lo que pretenden hacer de loza. La Ley recoje que ha de ser ribera del mar lo que es inundable y tiene arena suelta. Seguimos batallándolo ante los tribunales y cara a la opinión pública. Un gran trabajo de las compañeras y compañeros de Ecologistas en Acción.

domingo, 12 de marzo de 2017

Brexit con butifarra

(esto es la traslación al Brexit del texto que enlazo al final, originario sobre el sentimiento en Cataluña allá tan pronto como en 2012)

Atribución: Basquetteur (Wikipedia)
Si la integridad moral de la Unión Europea dependiera de los argumentos con que la plutocracia de sus capitales maquina los nuevos escenarios que se avecinan, ya podrían los súbditos y súbditas del actual Reino Unido que abogan por una desconexión ir sirviéndose unas pintas de cerveza porque la escabechina vendrá dolorosa. Nadie en la escena mediática da remotamente razones para sugerir que un Reino Unido desconectado de la Unión Europea pudiera ser imposible por inviable.
Desde el contiente estamos afrontando este brete de separación con una absoluta falta de sentimentalidad. Si se te está yendo tu pareja, aunque ésta se caracterice por la flema, no es tampoco cosa de quedarte impasible como si sin ella fueramos a vivir mucho mejor.
Ni siquiera se dan argumentos ‘expulsivos’: lo que quedara del Reino Unido fuera de la Unión Europea y del euro, ni se cuestiona que permanecería en la OTAN, y a un mismo nivel de importancia, en la liga de campeones de fútbol masculino. En cuanto al dinerito, varias capitales continentales se frotan las manos intentando que les quede bien el traje de noche de una "city financiera". Una Unión Europea sin poder nuclear militar más allá del francés, y éste en vísperas de una posible trumpización frexitista, no resuena como una continuidad muy hegemónica. ¿Qué sería de un "viejo mundo" sin pan y circo unificado y gladiadores de piernas musculosas que se casan con chicas picantes?
Tampoco se oyen argumentos ‘ruinosos’: Las partes desconectantes de las Islas dan por descontada su viabilidad como Estado pese a un momento como este, de grave crisis económica primermundial y también transatlántica, y se cuenta con su supervivencia como se sobrevivió a Hitler. Sin este protoestado continental europeo surgido de los escombros de guerras y de anexiones dramáticas, los pueblos de las Islas del Reino Unido mantienen su normalidad cotidiana en su derecho no escrito.
En definitiva: que si los pueblos del actual Reino Unido acaban siguendo dentro de la Unión Europea no será gracias ni a los dineritos, ni al poder nuclear militar ni al consagrado estilo balompédico, sino a que la Unión Europea se manifieste milagrosamente como algo digno a lo que pertenecer. Las vallas impiden el acceso universal necesitado alrededor de Calais, no podemos acceder según como a la metropoli, algo parecido a ese otro muro que puso el imperio romano dibujando Escocia.
Aunque en el contiente no nos manifestemos sobre ello, los pueblos del actual Reino Unido serán lo que ellos quieran. ¿Y el resto del nor-occidente viejomundista? ¿Qué queremos? Yo hablo por mí, y por otros que sé que piensan como yo. Y mi postura es casi suplicante: ¡amigas y amigos súbditos del actual Reino Unido, no os vayáis, no nos dejéis sol@s! Frente a la chulería con la que las instituciones nacionales y comunitarias despachan las aspiraciones ciudadanas con un “déjalos, que se manifiesten, que ya se cansarán”, yo prefiero aferrarme a vuestro ejemplo y os pido: no os vayáis, no nos dejéis sol@s.
Porque si para algunos es impensable una Europa sin el actual Reino Unido, yo tengo suficiente imaginación para hacerme a la idea, y me aterra una Europa sin Inglaterra y sin Gales, que en es posible que otros se queden atrás. ¿Se lo imaginan, una Europa sin las variaciones anglosajonas, una Europa reconcentrada en su franco-prusianidad?
En una Europa sin personas inglesas ni galesas, las que quedásemos tocaríamos a más en todo, por ser menos para repartir: nos tocaría por cabeza más provincianismo, más aplicación acrítica de las ortodoxias, más jerarquización mental, más búnker, más humor soso, más catolicismo corrupto; más de todo per cápita. Sí, ya sé que también en el actual Reino Unido hay crisis, derecha rancia, obispos, corrupción y gran capital, pero sospecho que en el reparto del ajuar común saldríamos perdiendo los que estamos a este lado del Canal de la Mancha; y lo mismo valdría para los Países Bajos.
Sería además una Unión Europea herida, humillada, lo que hincharía aún más el nacionalismo eurocéntrico -que también existe aunque los que se dicen globalizacionistas nunca lo reconozcan-; ese mismo nacionalismo que con sus sosería y sus patosidades es desde hace años el mayor fabricante de desconexionistas en Inglaterra y Gales.
Asumo que en el actual Reino Unido hay un número importante de desconexionistas convencidas que querrían llegar hasta el final -y entre ellas no figura May, que está a otra cosa, ni tampoco el Partido Conservador "Tory"-. Pero estoy seguro de que la mayoría de súbditas y súbditos del actual Reino Unido no quiere salir de Unión Europea: quiere salir de esta Unión Europea, que no es lo mismo. Pero es que de esta Unión Europea somos much@s l@s que queremos salir, sin tener la posibilidad de empoderarnos. De esta Unión Europea fallida, donde no queda ya principio moral que no esté en crisis, y donde caminamos con paso firme hacia el autoecocidio.
Por eso digo: amig@s británic@s, no os vayáis, no nos dejéis solos, quedaos con nosotr@s y cambiemos junt@s esta Unión Europea, construyamos otra donde ni vosotr@s ni los demás nos sintamos incómod@s, una Unión Europea que tenga decencia y en la que no tengamos más motivos para vomitar o avergonzarnos de los que tienen l@s habitantes de otras hegemonías. Una Unión Europea que ya no podrá ser plutócrata, ni tampoco tecnócrata, porque el proyecto napoleónico hace agua por demasiados sitios. Matrística, biorregional, son palabras que todavía imponen; pero más nos valdría tomarnos en serio esa incomodidad de ingles@s y gales@s y de tantos europe@s, y apostar por salir de la crisis desechando todo lo fallido para construir de nuevo, antes de que se nos caiga encima.
-Salvador Espada, sobre un texto de Isaac Rosa