lunes, 4 de octubre de 2010

¿Izquierda Unida recomponiendo la disociación entre ecología y economía?

Me llega por correo electrónico la convocatoria dentro de un par de semanas de un Encuentro de Ecología. Y lo que más me sugiere es la timidez a la hora de tocar la Economía. En el llamamiento se nos explicita como "iniciativas [...] todavía parcialmente confusas, en algunos planteamientos algo contradictorias y seguramente insuficientes en varios de (sic) aspectos". Pues bien, ya que me llama, comentaré algunas iniciativas, confusiones, contradicciones e insuficiencias. Y empiezo por una actividad empresarial. La venta diaria de alimentos a un asentamiento urbano requiere por ejemplo de una producción previa, de un transporte, su manipulación y procesado, el cuidado de su calidad y el cobro de los dineritos. He vendido pollos en Málaga. He llegado incluso a asar pollos ecológicos en una experiencia insuficiente, confusa y contradictoria de transición a la sostenibilidad de la economía real de a pie. Y huevos ecológicos. Pero no fueron los problemas que experimenté lo que normalmente encuentro en los distintos foros a los que me asomo. Mi problema ecológico tiene una base más vulgar: no hay contabilidad. En el estado español la fidelidad y la consistencia de los instrumentos vulgares no anda mucho mejor que en Marruecos o Francia. No hay contabilidad material. Se registra el tráfico de dinero. Sobre la materia se ejerce un control de almacén, de alguna manera. Aquí en Austria, donde vivo ahora, tienen bares nocturnos donde en los cubatas los dos centilitros de licor te los miden con un vasito de medida, y al terminar de trabajar con reglas graduadas inventarían el descenso en cada botella. ¿Cuántos litros de licor se beben en nuestra más cálida manera? ¿Y cuántos y a cuánto se pagan? Cerrar una gestión de almacen sabiendo lo que vendía y a cuánto, y lo que se rompía, perdía, regalaba o se rechazaba, fue algo que en unos diez años de pequeño empresario no he terminado de lograr. No he sido un empresario de éxito, por ese lado. Si no hay conocimiento de lo material, no hay conciencia. En mi caso tanto la lata de refresco de cola como el pollo asado involucran aluminio procedente de un mineral llamado bauxita cuya extracción es muy dañina. Sí, ¿pero cuánto? No lo sé. ¿Cuántas ballenas he matado? La ganadería industrial del pollo se nutre de harina de pescado procedente de flotas hipertrofiadas industriales a lo largo de los siete mares. Mi pollo asado no ha sido "dolphin safe" (excepto la honrosa remesa ecológica que una vez conseguimos montar).

No es la única expreriencia que quiero aportar. Las asociaciones sin ánimo de lucro en las que participo no siempre han tenido a la vez todo el tiempo reuniones, actas, convocatorias, contabilidades, registros actualizados de soci@s, boletín e incluso actividad. Por no hablar del "cainismo". Aún así somos una clara fortaleza. La confluencia y apoyo mutuo que se da, en mis experiencias en la Breva y en Ecologistas en Acción - Ciudad de Málaga, me hacen sentirme orgulloso de mis fracasos. Y es que como optimista patológico que soy me sigo imaginando que pararemos la construcción de más infraestructuras destructivas como ha sido el tren de alta velocidad Córdoba-Málaga, y que llenaremos campo y ciudad de tecnología de transporte adecuada. Desasfaltando el espacio que liberemos al exterminar al coche. Como digo, eso tampoco lo he(mos) conseguido.

Mi calle en Viena tiene un tranvía, una gasolinera donde compro chocolatinas, y un tráfico calmado. La pizzería croata de mis vecinos de edificio ha colonizado tres plazas de aparcamiento junto a la acera para sus mesas, donde en la temporada cálida se disfruta muy bien. Viena es un referente en algunas cosas. Cobran por aparcar en mi distrito a quienes no estén en él empadronad@s. Compras los boletos en los estancos. Sobran plazas de aparcamiento vacías por todas partes. Es decir, calle, ciudad, campo (cuando le quitemos el asfalto). Sin embargo Málaga es una muy mala ciudad, como su propio nombre incluye. No porque haya de serlo sino porque no lo hacemos por ejemplo de esa otra manera. La primera vez que vine a Viena en primavera de 2006 me sorprendió el diámetro de los alcorques. Unos cuatro metros. Me dicen que una ley de Hitler obliga a plantar un árbol si cortas uno, al ayuntamiento me refiero. De hecho el otoño pasado vi cortar cuatro, y meses después han sido repuestos.Y en el llamamiento al "Encuentro de Ecología" se omite el empleo. Si se repone y se mantiene la riqueza natural, tenemos tareas para que hayan unas cuantas personas en cada barrio obteniendo su sustento. Yo aquí lo veo. El conglomerado de empresas públicas municipal es muy impresionante. Se anuncia en vallas publicitarias jactándose de ello, del empleo. Las hermanas Koplowitz son en mi pueblo de origen quienes meriendan con ello. ¿Y nuestro discurso político se disculpa por afear la competitividad? Inventemos de nuevo, en cada lugar, la rueda. Se nos ha dicho que la gestión eficiente es el reducir los costes especialmente laborales. Operari@s con máquinas monstruosas recogen los papeles del suelo en los cascos históricos. La basura es igualmente pasto de tratamiento deshumanizante. He visto extinguirse a l@s chatarrer@s del Centro de Málaga, mientras su silencio nocturno era atronado por esas maquinarias pesadas de un área municipal de medio ambiente. Hay tareas que realizar para emplear a cuant@s hagan falta. Nos separa de ello el romper el cerco académico de la productividad. Y, eso sí, seguir creciéndonos desde nuestra torpeza.Para ello lo colectivo ayuda. Que así sea.

1 comentario:

complaciencia dijo...

Y yo voy y le contesto aquí, donde he metido toda la retahila, ...
http://simbiodiversidad.blogspot.com/2010/10/bases-ecologicas-para-una-sociedad-con.html